Blue Note plays The Beatles

Grabaciones originales - The Beatles

lunes, 28 de mayo de 2012

DESOBEDIENCIA CIVIL (Fragmentos)

Henry David ThoreauCreo de todo corazón en el lema “El mejor gobierno es el que tiene que gobernar menos”, y me gustaría verlo hacerse efectivo más rápida y sistemáticamente. Bien llevado, finalmente resulta en algo en lo que también creo: “El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto”. Y cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan. En el mejor de los casos, el gobierno no es más que una conveniencia, pero en su mayoría los gobiernos son inconvenientes y todos han resultado serlo en algún momento.
[...] Si el mercado y el comercio no estuvieran hechos de goma, nunca lograrían salvar los obstáculos que los legisladores les atraviesan en forma sistemática. Y si uno fuera a juzgar a esos señores sólo por el efecto de sus acciones, y no en parte por sus intenciones, merecerían ser castigados como a los bandidos que atraviesan troncos sobre los rieles del ferrocarril.
[...] Después de todo, la razón práctica por la cual, una vez que el poder está en manos del pueblo, se le permite a una mayoría, y por un período largo de tiempo, regir, no es porque esa mayoría esté tal vez en lo correcto, ni porque le parezca justo a la minoría, sino porque físicamente son los más fuertes. [...] ¿Tiene el ciudadano en algún momento, o en últimas, que entregarle su conciencia al legislador? ¿Para qué sirve entonces la conciencia individual? Pienso que antes que súbditos tenemos que ser hombres. No es deseable cultivar respeto por la ley más de por lo que es justo. [...] La ley jamás hizo al hombre un ápice más justo, y a causa del respeto por ella, aun el hombre bien dispuesto se convierte a diario en el agente de la injusticia.
[...] El hombre sabio será útil sólo como hombre, y no aceptará ser "arcilla" o "abrir un hueco para escapar del viento", sino que dejará ese oficio a sus cenizas.
"Soy nacido muy alto para ser convertido en propiedad, para ser segundo en el control o útil servidor e instrumento de ningún Estado soberano del mundo".
[...] El hombre sabio no deja el bien a la merced de la suerte, ni deja que se mantenga por el poder de la mayoría. Hay poca virtud en la acción de las masas.
[...] Existen leyes injustas: ¿debemos estar contentos de cumplirlas, trabajar para sustituirlas, y obedecerlas hasta cuando lo hayamos logrado, o debemos incumplirlas desde el primer momento? Las personas, bajo un gobierno como el presente, piensan por lo general que deben esperar hasta haber convencido a la mayoría para cambiarlas. Creen que si oponen resistencia, el remedio sería peor que la enfermedad. Pero es culpa del gobierno que el remedio sea peor que la enfermedad. Es él quien lo hace peor. ¿Por qué no está más apto para prever y hacer una reforma? ¿Por qué no valora a su minoría sabia? ¿Por qué grita y se resiste antes de ser herido? ¿Por qué no estimula a sus ciudadanos a que analicen sus faltas y lo hagan mejor de lo que él lo haría con ellos? ¿Por qué siempre crucifica a Cristo, excomulga a Copérnico y a Lutero y declara rebeldes a Washington y a Franklin? [...] Si un hombre que no tiene propiedad se niega sólo en una ocasión a pagar nueve chelines al Estado, es puesto en prisión por un término ilimitado por ley que yo conozca, y recluido a la discreción de aquellos que lo pusieron allí; pero si le roba noventa veces nueve chelines al Estado, es pronto puesto de nuevo en libertad. [...] En cuanto a adoptar las formas que el Estado ha entregado para remediar el mal, yo no sé nada de tales formas. Necesitan mucho tiempo, y la vida se habrá acabado para entonces. Tengo otras cosas que hacer. Yo vine a este mundo no propiamente a convertirlo en un buen lugar para vivir, sino a vivir en él, ya sea bueno o malo. Una persona no tiene que realizarlo todo, sino algo; y puesto que no puede realizarlo todo, no es preciso que vaya haciendo peticiones al gobernador o al legislador más de lo que ellos me las tienen que hacer a mí. ¿Y si ellos no escuchan mi petición, qué tengo que hacer? En este caso el Estado no tiene contestación.
[...] Por mi parte, no quiero ni pensar que alguna vez dependa de la protección del Estado. Pero si yo niego la autoridad del Estado cuando éste me presenta la cuenta de los impuestos, pronto se llevarán y gastarán mis propiedades y me acosarán a mí y a mis hijos sin descanso. Esto es duro. Esto hace imposible a la persona vivir honestamente y al tiempo con comodidad en lo que a la vida material atañe. No vale la pena acumular propiedades que de seguro se volverán a ir. Hay que alquilar o establecerse en cualquier predio, cultivar una pequeña cosecha y comérsela pronto. Hay que vivir dentro de sí mismo y depender de uno mismo, siempre arremangado y listo a arrancar, sin tener muchos asuntos pendientes. Un individuo puede volverse rico en Turquía, si es en todas las facetas un buen súbdito del gobierno turco. Confucio dijo: "Si un Estado es gobernado por los principios de la razón, la riqueza y los honores son objeto también de vergüenza"
[...] Yo no nací para ser forzado. Respiro a mi manera. Ya veremos quién es el más fuerte. ¿Qué fuerza posee una multitud? Sólo me pueden obligar los que obedecen una ley más alta que yo. Quieren obligarme a que me vuelva como ellos. No escucho a quienes han sido obligados por las masas a vivir así o asá. [...] Sólo veo que cuando una bellota y una castaña caen juntas, la una no se queda estática para cederle campo a la otra, ambas obedecen sus propias leyes y germinan y crecen y florecen lo mejor que pueden, hasta que una, probablemente, eclipsa y destruye a la otra. Si una planta no puede desarrollarse de acuerdo a la naturaleza, se muere; lo mismo el ser humano.
[...] Con todo, el gobierno me trae sin cuidado, y pienso en él lo menos que puedo. No es mucho el tiempo que vivo bajo el gobierno, todavía en este mundo. Si un hombre piensa libremente, sueña, imagina libremente, nunca estará por mucho tiempo de acuerdo con lo que no es como con lo que es, así no puede ser interrumpido por gobernantes o reformadores necios.
[...] ¿Es la democracia que conocemos la última mejora posible de gobierno? ¿No es factible adelantar un paso en el reconocimiento y la organización de los derechos del hombre? Nunca existirá un Estado totalmente libre e iluminado hasta cuando ese Estado reconozca al individuo como un poder más alto e independiente, del cual se deriva su propio poder y autoridad y lo trate en consecuencia. Me complace imaginar un Estado que finalmente pueda pregonar el ser justo con todos, y que trate al individuo con respeto; más aún, que no llegue a pensar que es inconsistente con su propia tranquilidad si unos cuantos viven separados de él, no mezclándose con él, sin abrazarlo, pero cumpliendo con su obligación de vecinos y compañeros. Un Estado que produjera este fruto y lo entregase tan pronto estuviese maduro abriría el camino para otro Estado, aún más perfecto y glorioso, que yo he soñado también, pero que aún no he visto por ninguna parte.

Desobediencia civil es quizás uno de los ensayos más exitosos y trascendentes del autor del que el propio Gandhi y Lanza del Vasto han reconocido su influencia. Thoreau indica que lo escribió a raíz de la guerra contra México (1846-48) en la que los EEUU, pretextando absurdas amenazas, iniciaron su carrera imperialista a través de la paz de Guadalupe Hidalgo. Thoreau montó en cólera por el maquiavelismo estadounidense contra el país vecino y por ello fue a la cárcel, aunque sólo fuera por una noche, pero a partir de entonces se negó a pagar unos impuestos que, según él, no dejaban de alimentar una política agresiva y expansionista que, salvo honrosos períodos, llega hasta la actualidad. FRANCESC LL. CARDONA

miércoles, 23 de mayo de 2012

ERASMO

José Luis Gutiérrez, 'Erasmo'

José Luis Gutiérrez, director del desaparecido Diario 16, periodista combativo y figura clave de la profesión periodística en la Transición, falleció ayer en Madrid. Descanse el maestro de periodistas.



EL MUNDO, jueves, 17 de Mayo, 2012

Jazz Age/ ELUCIDARIO DE LA INDIGNACIÓN
José Luis Gutiérrez

El Estado debería proteger a esa bendita muchachada del 15-M, válvula y aliviadero de las tensiones sociales, surgida tras el opúsculo de un impostor nonagenario y antisemita, el millonario galo Stéphane Hessel y el desvergonzado imperativo (¡Indignaos!) de su panfleto. Este pánfilo, con tan absurdo mandato, encauza muy justas reivindicaciones hacia un psicológico y semántico cul de sac, un anímico callejón sin salida, irracional, arrebatado y sin expectativas.

El imperativo “¡Indignaos!” es un psicológico “cul de sac”, irracional, arrebatado y sin expectativas.

En los sesenta, en cambio, los jóvenes de las izquierdas leíamos a Marcuse, a Althusser y sus aparatos ideológicos, a Marx obviamente, a Gramsci. O a otros indignados, más pragmáticos y resignados, como Ixca Cienfuegos (Carlos Fuentes, La región más transparente).

Hoy son la variante light de aquellos “Antiglobalización” de finales del siglo XX y sus algaradas callejeras contra los cónclaves del Banco Mundial, el Fondo Monetario, el G-8 y otros consorcios de poder global. La comunicación horizontal con Internet y los vuelos low cost hicieron el resto, al margen de la utilización política por parte de los últimos flecos de la III Internacional, el Komintern comunista y la contradicción filosófica de quienes auspiciaban el internacionalismo proletario y paradójicamente se enfrenaban a otro internacionalismo, el de la globalización y los mercados.

Basilio Martín Patino podrá culminar el montaje de sus muchas horas de grabación en Sol y brindarnos uno de sus celebrados documentales sobre el 15-M, cuyos perfiles esenciales son los de la juventud de siempre, el idealismo, la generosidad bienintencionada y solidaria junto al más enternecedor de los despistes ideológicos. Campo propicio para buhoneros y sus crecepelos políticos.

Bruce Springsteen vino a España para cantar y, de paso, iluminarnos: “En España lo teneis duro, estáis en una auténtica depresión”. Qué nivel. Tentativa de idiotización global a la hora de analizar concausas complejas como las de la crisis, cuando intelectuales y expertos son sustituidos ahora por analfabetos técnicos aunque “populares”, actores, gente del show business, rockeros como Springsteen, con consigna política incorporada para transformarla en “titular”.

De aquel grandioso Boss de la contestación pacifista de “Born in the USA”, del desaliento del vet de Vietnam despreciado y olvidado al volver a casa -metáfora antibelicista del primer Rambo de “Acorralado”-; del ado que acarrea su soledad por las calles de una Filadelfia apocalíptica y espectral, cuando su cascada voz era estructura musical de un discurso trasgresor. Hoy el Boss comienza a parecerse inquietantemente a uno de esos roncos profesionales que más que subvertir parecen aquejados de persistentes faringitis. Multimillonario y con avión privado, sus espurios atuendos de pordiosero, sus harapos aparentes denotan una impudorosa intención escénica, con humo, luz y sonido, del superchero que busca embaucar subliminalmente con sus disfraces a jóvenes como los del 15 M, violentando aquella sentencia idealista de Tierno Galván: “No se puede ser de izquierdas y millonario al mismo tiempo”. Y menos aún, multimillonario. Se echará de menos a Lenin.

Amén, admirado Erasmo.

sábado, 12 de mayo de 2012

ÁNGEL DE ORIÓN

Hoy hace tres años que murió Antonio Vega. Un recuerdo para el muchacho de mirada triste, amante de la Física y de la Astronomía.

Del álbum 3000 noches con Marga (2004)
Tres mundos recorrí:
el mundo de los niños,
el del loco
y el que acaba por venir.

Antonio Vega

miércoles, 11 de abril de 2012

SOCIEDADES INTELIGENTES Y SOCIEDADES ESTÚPIDAS/ EPÍLOGO: ELOGIO DE LA INTELIGENCIA TRIUNFANTE

Fragmento de 'La libertad guiando al pueblo' - Eugène Delacroix
La inteligencia fracasada pare dos terribles hijas: la desdicha evitable y la maldad, que añade sin remedio desgracia a la desgracia. Son nuestras dos grandes derrotas, cada cual con copiosas genealogías que he inventariado: fanatismo, insensibilidad, desamor, violencia, rapacidad, odio, afán de poder, miedo. La historia produce una resaca amarga y desolada. ¿Por qué no aprendemos?
[...] ¿Preferiríamos un Kafka feliz a las obras de un Kafka desdichado?
La pregunta puede parecer retórica, pero la planteo muy en serio. Una esquinada idea de la naturaleza humana sobreentiende que la felicidad es pancista y boba, que sólo el sufrimiento es creador. Esta idea ha generado un sistema conceptual entero, que, desde el romanticismo, determina nuestro estilo cultural: "Sé bello y triste" era la consigna. Cundió una fascinación por la enfermedad y la locura, que no se corresponde con la realidad. No hay nada más terrible que la enfermedad ni más monótono que la locura.
[...] La idea de que sólo pueden ser creadores los desgraciados tiene un envés evidente, aunque oculto de puro transparente, donde se lee que la felicidad es embrutecedora, vulgar, burguesa. Y lo mismo habría que decir de la bondad, que se contempla como la sumisión rutinaria, cobarde y boba a una norma. Ya lo dijo el ingenioso transgresor de turno: "El que es bueno es porque no tiene valor para ser otra cosa." Con semejante panorama, cualquier alma refinada querría ser desdichada o perversa.
[...] Triunfa, pues, la idea de que la felicidad es embrutecedora y el mal es creador. Este sistema cuenta con colaboradores insignes. Heidegger defendió que sólo la angustia permitía revelar la verdadera realidad. Sartre añadió que eran el aburrimiento y la náusea los que nos descubrían la verdadera índole del Ser. Un Ser, por supuesto, declarado en ruina, como afirmó gozosamente Vattimo.
¿Y si imagináramos a Nietzsche feliz? ¿Y si hubiera encontrado esa gran salud que buscaba desesperadamente? ¿Y si invirtiéramos el discurso y pensáramos que la actitud privilegiada para ver el mundo es la alegría, la serenidad o el coraje? Elaboraríamos una metafísica de la posibilidad creadora, esforzada pero eufórica. Reconoceríamos que los pesimistas viven bien gracias a los ridiculizados optimistas; que los que se quejan de que esto no tiene arreglo cobran sus pensiones gracias a los que pensaban que lo tenía; y que el escepticismo colabora con la reacción a las primeras de cambio.
[...] El ser humano está hecho para el egoísmo y para el altruismo, para el juego y el rigor, para el placer y la grandeza, para la soledad y la compañía. Tiene un dinamismo centrípeto y un dinamismo centrífugo. Armonizar esos elementos contradictorios exige un gran alarde de la inteligencia. Para designarlo quiero recuperar una palabra de riquísima y universal sabiduría.
Sabiduría es la inteligencia habilitada para la felicidad privada y para la felicidad política, es decir, para la justicia.
En todas las culturas -al menos en las que conozco-, antiguas y modernas, orientales y occidentales, religiosas y laicas, se ha valorado este tipo de inteligencia, que capta los valores, aprende de la experiencia y pone en práctica lo que considera mejor. Sabio no es quien sabe muchas cosas, sino quien actúa sabiamente. Es un modo elegido de ser, un trabajado proyecto de personalidad, el talento para hacer las preguntas adecuadas y buscar las buenas respuestas. Es la poética del vivir.
[...] Prefiero volver a los poetas griegos que cantaron la areté del atleta ganador o del veloz caballo o del gran escultor que llena bellamente el espacio o del gran poeta que llena bellamente el tiempo. Una capacidad se convierte en areté cuando alcanza la excelencia. Admiramos la areté musical de Mozart o de Beethoven o de Schubert. Su talento musical se fue ampliando, profundizando, perfeccionando, gracias a un trabajo minucioso y oculto. Adquirieron la virtud creadora, la potencia de inventar sonoridades nuevas con las notas de siempre.
Los humanos alcanzan su areté básica en la sabiduría, que es la inteligencia aplicada a la creación de una vida buena. Es un modo de ser expansivo, que integra la inteligencia del individuo y la inteligencia del ciudadano. Frente a la torpe, monótona, repetitiva historia de la estupidez -otra equivocación, otro desvarío, otra crueldad, otra matanza, otra batalla, otra obcecación, otra codicia-, tenemos que contar la historia triunfal de la humanidad, es decir de la inteligencia. Esto obliga a despojar de grandeza las acostumbradas narraciones históricas, cuyos argumentos están llenos de ferocidad y ensañamiento. Ya le dije que necesitamos una inversión de la historia, abolir esa glorificación del fracaso, edificar una sensibilidad que reniegue de la estupidez ensalzada y de la torpe connivencia estética con la brutalidad.
La evolución biológica dejó al ser humano en la playa de la historia. Entonces comenzó la gran evolución cultural, la ardua humanización del hombre mismo y de la realidad, cuyo destino es aún incierto. Nietzsche lo dijo con su envidiable contundencia: Somos nicht festgestelltes Tier, un animal no fijado. Una especie indecisa a la búsqueda de su definición. Aún no sabemos si triunfará la sabiduría o la estupidez.
Seré optimista una vez más. La inteligencia es un caudal poderoso y, contra viento y marea, triunfará, a menos que la especie humana se degrade, abandonándose a una felicidad de cerdo o de lobo, a una claudicación que le acompaña siempre como una posibilidad tentadora. Confío en una inteligencia resuelta, inventiva, cuidadosa, poética, ingeniosa, intensa y estimulante. Y espero que alguna vez podamos cantar su éxito con palabras altas y grandes, como las que usa Pablo Neruda:

Me has agregado la fuerza de todos los que viven.
Me has dado la libertad que no tiene el solitario.
Me enseñaste a encender la bondad, como el fuego.
Me hiciste construir sobre la realidad como sobre una roca.
Me hiciste adversario del malvado y muro del frenético.
Me has hecho ver la caridad del mundo y la posibilidad de la alegría.

QUE ASÍ SEA

Fragmentos de La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez, de José Antonio Marina.

domingo, 8 de abril de 2012

SOCIEDADES INTELIGENTES Y SOCIEDADES ESTÚPIDAS/ y 6

'Ni más ni menos' - Grabado nº 41 de 'Los Caprichos' de Francisco de Goya
9
El mundo actual, desgarrado por un choque de civilizaciones, necesita saber a qué atenerse en este asunto. Las creencias privadas son legítimas mientras no afecten a otras personas. En este caso, deben someterse a las evidencias universales.
[...] Solemos decir que la verdad es la concordancia entre un pensamiento y la realidad, pero esta afirmación tan clara deja muchas cosas en la sombra. Prefiero definir la verdad como la manifestación evidente de un objeto. Le acompaña una certeza subjetiva. El primer principio de una teoría del conocimiento es: "Lo que veo, lo veo." Por ejemplo, que el sol se mueve en el cielo. Por desgracia, ese inexpugnable principio tiene que completarse con otro que le baja los humos: "Toda evidencia puede ser tachada por una evidencia más fuerte." Es decir, la evidencia de que el sol se mueve en el cielo es tachada por una evidencia astronómica que nos dice que es la Tierra la que se mueve alrededor del sol.
Tengo que propinarle una definición: Entiendo por verdad la manifestación evidente de un objeto. [...] Lo que llamamos verdad científica no es más que la teoría mejor corroborada en un momento dado. Ahora, en física, es la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad. Mañana, ¿quién sabe? Por el rango de su corroboración tenemos que distinguir las verdades privadas, las verdades privadas colectivas y las verdades universales.
Verdades privadas son aquellas que por su objeto, por la experiencia en que se fundan, por la imposibilidad de universalizar la evidencia, quedan reducidas al mundo de una persona. Es privada también una verdad científica antes de que haya sido demostrada. Son, pues, verdades biográficas, no verdades reales, es decir, intersubjetivas. Por ejemplo, la confianza que tengo en una persona es una verdad privada que se funda en dos evidencias: estoy seguro de mi confianza, y estoy seguro de que la otra persona es de fiar. Esto último puede manifestarse falso en la continuación de la experiencia, es decir, la verdad privada también puede falsarse, empleando el término de Popper. Lo que no se puede hacer es universalizarla, porque la experiencia en que se basa es privada.
La vida va confirmando o rebatiendo una parte importante de nuestras verdades privadas, da igual que se trate de un amor o de una experiencia religiosa.
[...] Verdades privadas colectivas. Con esta expresión contradictoria designo las verdades privadas, es decir, que no pueden universalizarse, pero que son compartidas por una colectividad. Las creencia religiosas pertenecen a este tipo. Son verdades comunes, participadas, pero sólo por un grupo, cuyo consenso fortalece las fes particulares. La comunidad como corroboración social es uno de los grandes mecanismos que aseguran las certezas religiosas, porque producen un espejismo de verdad intersubjetiva.
Son también un eficaz mecanismo para hacer naufragar la inteligencia social.
Verdades universales, intersubjetivas, son aquellas evidencias suficientemente corroboradas, al alcance teórico de todas las personas (las evidencias de la física cuántica están teóricamente al alcance de todos, pero realmente sólo al alcance de los que estudien física), y sometidas a rigurosos criterios de verificación metódicamente precisados por la ciencia a lo largo de la historia, que permiten alcanzar una garantía que va más allá del mero consenso subjetivo. Una teoría no es verdadera porque la admitan los científicos, sino que los científicos la admiten porque la consideran verdadera. La ética puede alcanzar este estado de verificación, aunque por caminos distintos a los que sigue la ciencia. Comienza en una experiencia afectiva, evaluativa, y sigue caminos metodológicamente distintos.
De lo dicho se puede deducir un "principio ético acerca de la verdad":
En todo lo que afecta a las relaciones entre seres humanos, o a asuntos que impliquen a otra persona, una verdad privada -sea individual o colectiva- es de rango inferior a una verdad universal, en caso de que entren en conflicto.

10
Aquí termina esta herborización de fracasos. La consecuencia es clara. Debemos anhelar el triunfo de la inteligencia, porque de ello depende nuestra felicidad privada y nuestra felicidad política. En aquellos asuntos que nos afectan a todos, la inteligencia comunitaria es el último marco de evaluación. Abre el campo de juego donde podremos desplegar nuestra inteligencia personal. Colaborará a nuestro bienestar y a la ampliación de nuestras posibilidades. La justicia -la bondad inteligente y poco sensiblera- aparece inequívocamente como la gran creación de la inteligencia. La maldad es el definitivo fracaso.

Fragmentos de La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez, de José Antonio Marina.

jueves, 5 de abril de 2012

SOCIEDADES INTELIGENTES Y SOCIEDADES ESTÚPIDAS/5

'¿Si sabrá más el discípulo?' - Grabado nº 37 de 'Los Caprichos' de Francisco de Goya
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El triunfo de la inteligencia personal es la felicidad. El triunfo de la inteligencia social es la justicia. Ambas están unidas por parentescos casi olvidados. Hans Kelsen, uno de los grandes juristas del pasado siglo, los describió con claridad: "La búsqueda de la justicia es la eterna búsqueda de la felicidad humana. Es una felicidad que el hombre no puede encontrar por sí mismo, y por ello la busca en la sociedad. La justicia es la felicidad social, garantizada por el orden social." La felicidad política es una condición imprescindible para la felicidad personal. Hemos de realizar nuestros proyectos más íntimos, como el de ser feliz, integrándolos en proyectos compartidos. Sólo los eremitas de todos los tiempos y confesiones han pretendido vivir su intimidad con total autosuficiencia. Han sido atletas de la desvinculación. De esto se desprende un corolario:
Son inteligentes las sociedades justas. Y estúpidas las injustas. Puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad -privada o pública-, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha. La desdicha privada es el dolor. La desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia.

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Una condición de la justicia es elegir bien el marco al que adjudica mayor jerarquía. [...] La tensión entre individuo y sociedad es inevitable. El individuo, que acude a la ciudad para aumentar su libertad, vuelve a su casa cargado de deberes, lo que le produce cierta irritación. Creo que los grandes fracasos de la inteligencia social aparecen cuando no resuelve bien esta tensión.
El relativismo extremo arma una trampa social. Se ha extendido la idea de que es un síntoma de progresismo político, y que la equivalencia de todas las opiniones es el fundamento de la democracia, creencia absolutamente imbécil y contradictoria. Si todas las opiniones valen lo mismo, las creencias de los antidemócratas son tan válidas como las de los demócratas. De hecho, los neofascistas europeos se han apuntado al carro posmoderno. Escuche lo que dice Jean-Yves Gallou: "No existe una lógica universal que sea válida para todos los seres racionales. A todo sustrato étnico corresponde una lógica propia, una visión del mundo propia." El relativismo cultural, que tan liberador parecía, acaba en el nazismo.
Noam Chomsky, de cuya ejecutoria democrática y antiimperialista nadie dudará, ha denunciado vigorosamente el carácter reaccionario de esta aparente progresía: "Hoy día, los herederos de los intelectuales de izquierda buscan privar a los trabajadores de los instrumentos de emancipación, informándonos de que el proyecto de los enciclopedistas ha muerto, que debemos abandonar las ilusiones de la ciencia y de la racionalidad, un mensaje que llenará de gozo a los poderosos, encantados de monopolizar esos instrumentos para su propio uso."
Todavía son un atentado más grave contra la inteligencia social las creencias desmoralizadoras. Las que niegan la necesidad o la posibilidad de ponernos de acuerdo sobre la idea de justicia. Estamos apresados entre los cuernos de una paradoja alumbrada por la historia de la moral occidental. Hemos puesto como valor supremo la autonomía personal, lo que debilita el poder de las normas universales, una de las cuales es el valor de la autonomía personal. El arroyo ciega la fuente de la que procede. Sófocles lo mostró ya en Antígona. La protagonista hace caso a su conciencia y se enfrenta a las leyes de la ciudad. El coro la increpa llamándola autonomós, que suena a reproche y no a elogio. [...] La objeción de conciencia es una paradoja jurídica. Una ley autoriza a que en ciertos casos se incumpla la ley.
La inteligencia social ha descubierto, pues, el valor de la libertad de conciencia, con lo que convierte a la propia conciencia en máximo tribunal del comportamiento. Esto es verdadero y disparatado, según se mire. Lo único que este derecho protege es la personal búsqueda de la verdad. La protege, ciertamente, pero también la exige.
[...] La libertad de conciencia sólo adquiere su legitimidad total cuando esa conciencia se compromete a buscar la verdad, a escuchar argumentos ajenos, atender a razones, y rendirse valientemente a la evidencia, aunque vaya en su contra. Es decir, a saltar por encima de los muros de su privacidad. Sin esta contrapartida, el derecho a la libertad de conciencia puede convertirse en protector de la obstinación y el fanatismo, grandes derrotas de la inteligencia, como ya hemos visto. [...] Necesitamos recuperar el mensaje de Antonio Machado:
En mi soledad
he visto cosas muy claras,
que no son verdad.

Fragmentos de La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez, de José Antonio Marina.

martes, 3 de abril de 2012

HASTA SIEMPRE, D. ANTONIO

Antonio Mingote, uno de los españoles de quien podemos sentirnos muy orgullosos, ha fallecido hoy a los 93 años. Descanse.

Autocaricatura

Homenaje a Goya - Antonio Mingote
Actualización (8-4-2012):

La línea.
Tal vez les parezca que la línea es una realidad humilde. Para mí es una parábola de la inteligencia humana, que hace con ella cosas maravillosas. En eso consiste crear, en producir algo valioso con muy pocos elementos. Es siempre un plus. Si con más hago menos, no creo: destruyo. Con la línea escribimos y dibujamos. Dos modos de recrear la realidad y comunicarla. Hoy voy a hablar del dibujo, que es una de mis grandes pasiones, porque quiero recordar a mi admirado y querido Antonio Mingote. Hace un par de años tuve la gran suerte de escribir con él una historia de la pintura, que empezaba así: "Una línea puede transformarse en cualquier cosa". Fue un trabajo estimulante y divertido, del que guardo muchas anécdotas. Mingote era muy ingenioso, y esto añade a sus viñetas una cualidad especial. Un dibujo ingenioso encierra una hiperexpresividad fascinante. Funciona como una de esas antiguas cajas de sorpresa, que tenían en su interior un muelle comprimido que al abrir la tapa lanzaba un muñeco. Por eso, el ingenio produce una distensión del ánimo, una cierta euforia. Es un delicioso proyecto de la inteligencia para vivir jugando, al margen del engreimiento, de la violencia, de la seriedad envarada. El humor es siempre tierno, como lo es el epitafio infantil que Antonio escribió para sí mismo: "No lo volveré a hacer más". ¡Qué pena! José Antonio Marina